Un edificio de viviendas siempre supone un reto para un estudio de arquitectura, básicamente se trata de conseguir un equilibrio entre las zonas comunes y las privadas, entre el propio edificio y el entorno, entre el presupuesto y los gastos, etc. Con un edificio de viviendas como éste de Opakua tuvimos varios factores a nuestro favor ; en primer lugar los espacios interiores de la urbanización eran muy amplios con lo cual la secuencia entre el espacio público y  el privado no se vio forzada, además tuvimos la oportunidad de dar respuesta a la planta baja mediante un amplio portal que genera no solo una zona de paso sino un espacio de interacción entre los vecinos y un volumen vacío con una gran riqueza espacial.

La composición de los edificios se torna dinámica en la fachada orientada al jardín interior, es la zona pública de las viviendas, en contraposición  la fachada relacionada con la calle en la que se encuentran los dormitorios es más opaca. Se establece de nuevo un diálogo exterior / interior, público / privado, velado / transparente.

La altura de la edificación permite una buena iluminación del espacio interior, definiendo una escala relativamente amable y humana que contribuye a mejorar los valores espaciales y de habitabilidad del conjunto.

Uno de los puntos fuertes del proyecto fue la creación de un amplio portal único, ese espacio no ocupado es un punto de intersección entre las actividades de los vecinos, las visitas, y entre el propio edificio y el exterior. Es el caso extremo de ‘menos es más’ el vacío en un edificio de viviendas, un objetivo que no siempre es posible en aras del máximo aprovechamiento  espacial.

Por último, el equilibrio jardín / vivienda es otra dualidad del proyecto, un jardín de carácter orgánico se contrapone a una edificación cartesiana. El jardín concebido como una representación de la naturaleza frente a lo arquitectónico. Fotografía: Pedro Pegenaute.