La construcción de un pabellón agrícola como este no es habitual en Álava, por un lado lejos queda el ‘mar de olivos’ de Jaén; por otro lado tampoco es habitual la utilización de un ladrillo artesanal para la construcción de un edificio de marcado carácter industrial. Este pabellón funciona como almazara para un tipo de aceituna que se cultiva en Navarra, La Rioja y Álava; esta aceituna se denomina ‘arróniz’; como la localidad navarra (Arróniz) donde prolifera esta variedad.

El edificio se encuentra en un paraje excepcional, el objetivo del edificio es respetar ese paisaje y crear un equilibrio entre naturaleza y construcción. El entorno que rodea la almazara es bucólico, el deseo de nuestro estudio fue encajar las piezas del puzzle para que ningún protagonista fuese absoluto en el eje edificación/finca.

Rodeado de olivos el formato del edificio es muy sencillo; se trata de una serie de pórticos metálicos a dos aguas en los que se desarrollan los distintos departamentos: por un lado se encuentran los espacios para el almacenamiento de la maquinaria y zonas para guardar los productos de cultivo; por otro una cocina-office, una sala de catas y zonas de servicio (aseo, vestuario, etc)

En el interior predomina la madera tanto en el mobiliario como en elementos divisorios como la caja que contiene el acceso de la escalera. El exterior se basa en una dicotomía industrial/manual con el ladrillo artesanal como protagonista que entronca el edificio con su entorno. En ocasiones decisiones como la utilización de uno u otro material marcan las diferencias de un edificio, éste es uno de esos casos, la pátina artesanal del cada ladrillo le confiere un aspecto único a la construcción. Pequeños detalles que afectan al conjunto; por supuesto que estos detalles repercuten en las partidas presupuestarias pero el resultado marca la diferencia. Vía Tectónica.